La roca y el agua



En todo equipo de trabajo es fundamental la unión de sus miembros. Sea por miedo, prudencia, o lo que sea... es raro que alguien manifieste su descontento en un grupo que funciona (pese a que el descontento pueda existir en el seno del grupo o equipo); sin embargo es muy típico ver comentarios de gente descontenta cuando las cosas no funcionan, ya sean en público o en privado.

Aprendí que la verdadera fuerza de un grupo radica en su verdadera unión. Recuerdo una metáfora de José Vicente "Pepu" Hernández que siempre me acompaña: "El equipo es como una roca, si está unida, sin grietas, es muy difícil romperla, pero si en ella aparece una grieta, por minúscula que sea, algo tan insignificante como el agua, cuando penetra en ella y si se dan las condiciones adecuadas - que hiele - puede despedazar en minutos esa imponente roca desde dentro sin casi esfuerzo"

Y aprendí, que es labor del entrenador, o del líder, velar para identificar esos descontentos que no se manifiestan y evitar que acaben agrietando la roca, dejándola a merced de esas cosas que parecen insignificantes pero que pueden reventarla, y aprendí que la forma de detectarlo es la comunicación y el conocimiento que tenemos de cada uno de los miembros del equipo, y que la comunicación es tan importante cuando las cosas van mal como cuando parecen ir bien.

Decía Phil Jackson "Los buenos equipos se convierten en grandes equipos cuando sus miembros confían tanto en sus compañeros como para que prevalezca el NOSOTROS sobre el YO"

Y hoy comparto este cuento que refleja la importancia de la unión del grupo:

La unión hace la fuerza:
"Los hijos de un labrador no hacían más que pelearse. Peleaban por cosas sin importancia, como quién era el mejor montando a caballo. Para ponerle fin a esta situación, el labrador decidió darles una buena lección.
- Junten palitos y tráiganlos aquí - les ordenó.
Los muchachos obedecieron a regañadientes y cuando estuvieron nuevamente ante su padre, éste les dijo:
- Junten todos los palitos y atenlos fuertemente con esta cuerda.
Los muchachos hicieron lo que su padre les pidió.
- Veamos ahora quién es el más fuerte de los dos. Traten de partir este grupo de palitos.
Los hijos del labrador se dedicaron a ello con mucho empeño, poniendo los pies sobre los palitos y usando todas sus fuerzas, primero por turnos y luego los dos juntos, y no pudieron partirlos por más que lo intentaron. Derrotados, le declararon a su padre que esto era imposible.
- Desaten los palitos y traten ahora de partirlos uno por uno - les pidió.
No les costó mucho trabajo cumplir esta orden. A los pocos minutos todos los palitos estaban partidos.
- Lo mismo que les acaba de pasar a estos débiles palitos le puede pasar a cualquiera de nosotros si nos separamos. La pelea no conviene cuando se trabaja por una misma causa. Si nos unimos, en cambio, seremos muy fuertes y resistentes y nadie podrá hacernos daño con facilidad - sentenció el labrador, con una sonrisa de satisfacción en los labios."



  
  
  

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