La llave de la felicidad



Cuando empecé con el blog escribí un artículo en el que hablaba sobre como vivía las victorias y las derrotas (http://blog.jotacuspi.com/post/la-dulzura-de-la-victoria-y-la-amargura-de-la-derrota), tras aquel artículo me invitaron a una mesa redonda títulada "Los renglones torcidos del baloncesto", en la que, apoyado en ese artículo, me planteaba como podía ser que viviera con amargura las derrotas y casi no disfrutara de las derrotas con algo que me hacía feliz, el baloncesto; recuerdo que me propuse disfrutar más de las victorias y relativizar mucho más las derrotas (más allá de analizarlas para mejorar), y creo que lo voy consiguiendo.

Y estamos en unas fechas en las que nos haremos el propósito de cada año de ser más felices (sea lo que sea ser feliz para cada uno), y es por ello que quiero dedicar este artículo a la felicidad.

Creo que he sido feliz en muchos momentos de mi vida, he sido feliz ejerciendo mi profesión, y cuando he sentido que dejaba de serlo he preferido parar, para volver a coger aliento y volver a ver todo con otra filosofía.

A lo largo de mi vida he aprendido que la felicidad no se encuentra en lejanas montañas; vivimos pensando que seremos felices cuando alcancemos esto o aquello, pero nos equivocamos, "La felicidad no está en el destino, la felicidad está en el camino", la felicidad la encontramos cuando disfrutamos del viaje, en los pequeños detalles, en compartir, en vivir el momento.

Hay una cita de John Lennon que me encanta "cuando yo tenía cinco años, mi madre siempre me decía que la felicidad era la clave para la vida. Cuando fui a la escuela, me preguntaron qué quería ser cuando fuera mayor, escribí: FELIZ. Me dijeron que no entendía la pregunta. Les dije que no entendían la vida"

Y como no, comparto un cuento de Jorge Bucay sobre la felicidad y dónde encontrarla:

La llave de la FELICIDAD

"Cuenta la leyenda que antes de que la humanidad existiera, se reunieron varios duendes para hacer una travesura.
Uno de ellos dijo:
- Pronto serán creados los humanos. No es justo que tengan tantas virtudes y tantas posibilidades. Deberíamos hacer algo para que les sea más difícil seguir adelante. Llenémoslos de vicios y de defectos; eso los destruirá.
El más anciano de los duendes dijo:
- Está previsto que tengan defectos y dobleces, pero eso sólo servirá para hacerlos más completos. Creo que debemos privarlos de algo que, aunque sea, les haga vivir cada día un desafío.
- ¡¡¡Qué divertido!!! - dijeron todos.
Pero un joven y astuto duende, desde un rincón, comentó:
- Deberíamos quitarles algo que sea importante... ¿pero qué?
Después de mucho pensar, el viejo exclamó:
- ¡Ya sé! Vamos a quitarles la llave de la felicidad.
- ¡Maravilloso... fantástico... excelente idea! - gritaron los duendes mientras bailaban alrededor de un caldero.
El viejo duende siguió:
- El problema va a ser dónde esconderla para que no puedan encontrarla.
El primero de ellos volvió a tomar la palabra.
- Vamos a esconderla en la cima del monte más alto del mundo.
A lo que otro miembro repuso:
- No, recuerda que tienen fuerza y son tenaces, escalarían el monte y el desafío terminará.
El tercer duende dijo:
- Escondámosla en el fondo del mar. - No, dijo otro, recuerda que tienen curiosidad, alguien inventará una máquina para bajar y la encontrará.
El tercero dijo:
- Elijamos algún planeta. A lo cual los otros dijeron: No, recuerda su inteligencia, algún día inventarán una nave que pueda viajar a otros planetas y la descubrirán.
Un duende viejo, que había estado escuchando en silencio se puso de pie y dijo:
- Creo saber dónde ponerla, debemos esconderla donde nunca la buscarían.
Todos se voltearon asombrados y preguntaron.
- ¿Dónde?
El duende respondió:
- La esconderemos DENTRO DE ELLOS MISMOS... muy cerca de su corazón.
La risa y los aplausos se multiplicaron. Todos los duendes reían.
- ¡ Ja...ja...ja...ja...! Estarán tan ocupados buscándola fuera, desesperados, sin saber que la traen consigo todo el tiempo.
El joven escéptico acotó:
- Los hombres tienen el deseo de ser felices, tarde o temprano alguien será suficientemente sabio para descubrirla y se lo dirá a todos.
- Quizás suceda así - dijo el más anciano de los duendes - pero los hombres también poseen una innata desconfianza de las cosas simples. Si ese hombre llegara a existir y revelara que el secreto está escondido en el interior de cada uno... nadie le creerá.

¡ Felices fiestas !


  
  
  

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