Juicio equivocado



¿ Cuántas veces nos hemos equivocado al emitir un juicio sin los datos suficientes ? Yo, muchas.
Recuerdo cuando era entrenador del Preinfantil B en Estudiantes, un día un jugador, que estaba perfectamente integrado en el equipo, me pidió hablar conmigo después del entrenamiento, al finalizar el mismo el chico se acercó para hablar conmigo, me dijo que iba a dejar el equipo, la verdad es que me extrañó mucho, le pregunté el por qué de aquella decisión, su respuesta fue que era por un tema de estudios; inmediatamente mi cerebro se preparó para dar una respuesta:
- Pero chico, si el deporte te beneficia en tus estudios!!! es cuestión de organizarse!!! pensé.
Antes de que pudiera decir nada, me dijo que era por sus estudios de música, entonces sí que flipé... venga, entiendo que te preocupen las matemáticas, la física, la literatura, pero ¿la música? Me dijo que tocaba el piano y que el riesgo de lesión en sus falanges era demasiado elevado si jugaba al baloncesto. La cosa se ponía curiosa, un niño de 11 años diciéndome que dejaba el baloncesto por el riesgo de lesión y por sus estudios de música; tras intentar convencerle de lo contrario, el chico, muy convencido, me dijo que no volvería.
Reconozco que pensé, madre mía!!! que mundo!!! otro "tarado"!!! (ahora sé que el tarado soy yo)
Resultó que sus padres eran dos personas muy reconocidas en el mundo de la música, y que él a sus 11 años era un auténtico virtuoso del piano, que el piano y el baloncesto eran sus dos pasiones, pero que su gran sueño en la vida era dedicarse a la música y en concreto al piano,

Aprendí dos cosas, la primera que debía conocer más a mis jugadores, la segunda que debo pararme a pensar antes de emitir un juicio... mi realidad no es la realidad del resto.

Para finalizar quiero compartir con vosotros un cuento sobre los juicios y prejuicios

Recuerda a quienes sirves

En los días en que un helado costaba mucho menos, un niño de 10 años entró en un establecimiento y se sentó en una mesa. La camarera puso un vaso de agua enfrente de él.
- ¿Cuánto cuesta un helado con chocolate y cacahuetes?- preguntó el niño
- Cincuenta centavos - respondió la mujer.
El niño sacó la mano del bolsillo y examinó las monedas.
- ¿Cuánto cuesta un helado solo? - volvió a preguntar.
Algunas personas esperaban mesa y la camarera ya estaba un poco impaciente.
- Veinticinco centavos - dijo bruscamente.
El niño volvió a contar las monedas.
- Quiero el helado solo - dijo.
La camarera le trajo el helado, puso la cuenta en la mesa y se retiró. El niño terminó el helado, pagó en la caja y salió. Cuando la camarera volvió a limpiar la mesa, le costó tragar saliva al ver que allí, ordenadamente junto al plato vacío, había veinticinco centavos: su propina.


  
  
  

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