Sonrisas que iluminan



Hoy veía por segunda vez la película "Intocable" (preciosa película basada en un hecho real que narra la historia de un tetrapléjico y su cuidador), en ella Driss (el cuidador), pese a sus problemas cotidianos, no para de sonreir, disfruta de todo cuanto hace y acaba contagiando su energía a Philippe (el protagonista).

Y sucede que los estados de ánimo son contagiosos, tanto los negativos como los positivos.

Este verano, en la selección U-18, tuve la suerte de poder conocer a una de estas personas, Nil Sabata. Nil es un muchacho  de Manresa encantador, gran jugador (pese a que finalmente no acudió al campeonato) pero sobre todo es un transmisor de energía, tiene una sonrisa para todo momento y situación, compartir algo con él es recibir una inyección de vida.

Por desgracia también hay gente que te chupa la energía con su sóla presencia, recuerdo a Emilio Duró en una conferencia comentando este tipo de casos y contando la anédota cotidiana del amigo que te dice "Joder!!! llevo 2 semanas llamándote y no me coges el teléfono!!!" y le contestas "Coño claro!!! porque sé que eres tú!!!"

Estoy convencido de que en vuestras vidas conocéis a gente así; que nos rodeémos de unos o de otros marca la diferencia; es más, que sepamos el impacto que tiene en los demás nuestro propio estado de ánimo marca la diferencia.

Esta situación me recordó un cuento que hoy comparto con vosotros:

El juicio entre la oscuridad y la luz

Sucedió que un día la oscuridad, cansada de sentirse escondida y perseguida por la luz, donde ésta cada vez le estaba robando más terreno, decidió ponerle un pleito.
Tiempo después, el juez aceptó la demanda. Llegó el día marcado para la vista. La luz iluminando allá por donde pasaba se personó en la sala, incluso antes de que llegara el propio juez, momento en el que desapareció la oscuridad sin que nadie se percatara.
Llegaron los respectivos abogados y el juez. Pasaban los minutos, pero la oscuridad no aparecía. Finalmente, el juez, ya harto de esperar, falló a favor de la luz.
Pero... ¿Qué había pasado? ¿Cómo era posible que la oscuridad hubiera puesto un pleito y no se hubiera presentado?
Nadie salía de su asombro, aunque la explicación era sencilla: la oscuridad estaba fuera de la sala pero no pudo entrar,  pues la luz estaba dentro y allí dónde la luz está presente no hay sitio para la oscuridad.


Juicio equivocado



¿ Cuántas veces nos hemos equivocado al emitir un juicio sin los datos suficientes ? Yo, muchas.
Recuerdo cuando era entrenador del Preinfantil B en Estudiantes, un día un jugador, que estaba perfectamente integrado en el equipo, me pidió hablar conmigo después del entrenamiento, al finalizar el mismo el chico se acercó para hablar conmigo, me dijo que iba a dejar el equipo, la verdad es que me extrañó mucho, le pregunté el por qué de aquella decisión, su respuesta fue que era por un tema de estudios; inmediatamente mi cerebro se preparó para dar una respuesta:
- Pero chico, si el deporte te beneficia en tus estudios!!! es cuestión de organizarse!!! pensé.
Antes de que pudiera decir nada, me dijo que era por sus estudios de música, entonces sí que flipé... venga, entiendo que te preocupen las matemáticas, la física, la literatura, pero ¿la música? Me dijo que tocaba el piano y que el riesgo de lesión en sus falanges era demasiado elevado si jugaba al baloncesto. La cosa se ponía curiosa, un niño de 11 años diciéndome que dejaba el baloncesto por el riesgo de lesión y por sus estudios de música; tras intentar convencerle de lo contrario, el chico, muy convencido, me dijo que no volvería.
Reconozco que pensé, madre mía!!! que mundo!!! otro "tarado"!!! (ahora sé que el tarado soy yo)
Resultó que sus padres eran dos personas muy reconocidas en el mundo de la música, y que él a sus 11 años era un auténtico virtuoso del piano, que el piano y el baloncesto eran sus dos pasiones, pero que su gran sueño en la vida era dedicarse a la música y en concreto al piano,

Aprendí dos cosas, la primera que debía conocer más a mis jugadores, la segunda que debo pararme a pensar antes de emitir un juicio... mi realidad no es la realidad del resto.

Para finalizar quiero compartir con vosotros un cuento sobre los juicios y prejuicios

Recuerda a quienes sirves

En los días en que un helado costaba mucho menos, un niño de 10 años entró en un establecimiento y se sentó en una mesa. La camarera puso un vaso de agua enfrente de él.
- ¿Cuánto cuesta un helado con chocolate y cacahuetes?- preguntó el niño
- Cincuenta centavos - respondió la mujer.
El niño sacó la mano del bolsillo y examinó las monedas.
- ¿Cuánto cuesta un helado solo? - volvió a preguntar.
Algunas personas esperaban mesa y la camarera ya estaba un poco impaciente.
- Veinticinco centavos - dijo bruscamente.
El niño volvió a contar las monedas.
- Quiero el helado solo - dijo.
La camarera le trajo el helado, puso la cuenta en la mesa y se retiró. El niño terminó el helado, pagó en la caja y salió. Cuando la camarera volvió a limpiar la mesa, le costó tragar saliva al ver que allí, ordenadamente junto al plato vacío, había veinticinco centavos: su propina.


El potencial oculto



Desde que entreno siempre me ha venido a la mente la pregunta de si entrenar sobre las debilidades o sobre las fortalezas de un jugador; la mayoría de las veces me he dejado llevar por la intuición, y dependiendo del momento y la situación me he centrado en unas u otras. Con el tiempo he aprendido que podemos trabajar sobre las debilidades sin dejar de potenciar las fortalezas...pero siempre tengo la duda de cuanto tiempo debo dedicarle a cada una de ellas.

Aún así este artículo no tiene tanto que ver con lo que decidimos entrenar sino con aquello en lo que nos fijamos cuando vemos a un jugador, y aquí si que afirmo que el cerebro se fijará en aquello que queráis fijaros y no dejará de daros señales de lo acertados que estáis en vuestra decisión, magnificará los datos que recibe que potencien vuestra percepción (aquello en lo que habéis decidido fijaros) y descartará la información que vaya en sentido contrario... sea lo que sea aquello en lo que habéis decidido fijar la atención (sea la debilidad o la fortaleza).

Y cuando pienso en esto siempre me viene a la mente una cita de Einstein "Si valoras a un pez por su capacidad para trepar árboles tendrás un pez frustrado toda su vida".

Y este fin de semana, mientras viajaba a Mallorca (Andratx) para impartir un clinic, leía la siguiente metáfora en "El juego interior del tenis" de W. Timothy Gallwey,  y no he podido evitar compartirla y escribir este artículo:

"Cuando plantamos una semilla de rosa en la tierra y vemos lo pequeña que es, no la criticamos por carecer de raíces y de tallo. La tratamos como una semilla y le damos el agua y el alimento que necesita. Cuando comienza a crecer y a surgir de la tierra, no la condenamos llamándola inmadura o subdesarrollada; tampoco criticamos a los capullos por no abrirse cuando aparecen. Lo que hacemos es asombrarnos ante el proceso que está teniendo lugar y darle a la planta el cuidado que necesita en cada etapa de su desarrollo. La rosa es una rosa desde que es una semilla hasta el momento en que muere. En la semilla se halla todo el potencial de la rosa. Y la rosa está siempre en un proceso de desarrollo; sin embargo, en cada momento, ella está perfectamente bien tal como es"

Así pues, ¿qué quieres ver de quien tienes enfrente?


¿Esquías?



Recuerdo un día, dirigía por aquel entonces al cadete de Estudiantes, preparando un partido contra el Real Madrid, Angel Goñi, que por aquel entonces era director técnico de la cantera, se acercó después del entrenamiento para charlar conmigo. y mantuvimos una conversación más o menos así:
- (Angel) No crees que podáis ganar al Real Madrid ¿verdad?
- (Yo) ¿Por qué lo dices?
- (Angel) Durante todo el entrenamiento has dicho lo que no hay que hacer para no perder con el Real Madrid
- (Yo) No te entiendo Angel
- (Angel) En ningún momento has dicho lo que hay que hacer para ¡¡¡GANAR!!!
- (Angel) Sabes Jota, lo más difícil para un entrenador, no es aprender mucha técnica o mucha táctica, lo más difícil para un entrenador es ocultar sus miedos; de una manera u otra los acaba transmitiendo, ya sea por sus posturas corporales, por su comunicación... se traslada a los jugadores. Tienes que entrenarte para que no transmitas tus miedos, pero la mejor forma de no transmitirlos es no tenerlos!!!

Aquella frase resonó en mi conciencia durante un tiempo, pero terminó por golpearla años mas tarde; entrenaba entonces al EBA de Estudiantes y jugábamos contra Pozuelo, Jan Martín era miembro de aquel equipo y uno de los jugadores destacados del mismo, para aquel partido no podría jugar, estaba lesionado.
Al terminar la charla prepartido, Jan se quedó en el vestuario con los técnicos mientras sus compañeros salían a calentar, y lo que me dijo cambió mi forma de comunicarme con el equipo para siempre...
- (Jan) No crees que hoy podamos ganar, ¿verdad Jota?
- (Yo) Claro que podemos ganar Jan!!!
- (Jan) Que podemos ya lo sé yo, que tú lo creas lo dudo... durante la charla prepartido sólo has hablado de no perder.

Inmediatamente, aquella frase, me retrotrajo a la conversación con Angel años atrás... Zasssss... ¡¡¡estaba transmitiendo mis miedos!!!

Con el tiempo leí una metáfora que me gustó mucho y que utilizo desde entonces... ¿Habéis esquiado alguna vez? Si no lo habéis hecho, no os imagináis como son las pendientes que bajan los profesionales cuando los vemos por la tele, son auténticas paredes verticales. La primera vez que te preparas para lanzarte colina abajo por una pista negra (las de mayor dificultad) parece que te vas a tener que tirar en paracaídas, los esquíes sobresalen del suelo pero tú no ves la pendiente...hasta que no te lanzas no ves la pendiente, es como un precipicio; pues bien, todo buen esquiador sabe que el peso del cuerpo debe estar sobre la punta de los pies, es la forma de controlar los esquíes; sin embargo el miedo hace que tires de tu cuerpo hacia atrás (oponiéndote a la trayectoria de la pendiente), cuando lo haces el peso se va a los talones y pierdes el control de los esquíes, y normalmente te la pegas... para que tu peso siga en la punta de los pies debes lanzar tu cuerpo a favor de la pendiente, lo contrario de lo que el sentido común del miedo te dice, que es echarte hacia atrás...¡¡¡debes lanzarte (enfrentarte) a por tu miedo!!!

Y tú, ¿Esquías?

Nota: Gracias Angel por todo lo que aprendí a tu lado. ¡¡¡Siempre fuiste un maestro!!! Te sigo apreciando.

La importancia de un segundo



Ayer estuve, junto a dos buenos amigos (Sergio Martínez y Tico), en la presentación de la exposición "Auditando el proceso creativo" de Ferrán Adriá, que tuvo lugar en el edificio de Telefónica situado en la Gran Vía.
Una conferencia interesante, Ferrán Adría comentaba que su objetivo era elaborar un mapa de procesos de la creatividad que pudiera servir a cualquier disciplina y no sólo a la gastronomía (su especialidad), para ello ha estado trabajando durante un año entero con todo tipo de profesionales, filósofos, matemáticos, etc...trabajo que todavía continúa.
En un momento de su conferencia nos comentó su obsesión por el trabajo duro y por la puntualidad, nos contó que durante sus años en el Bulli si uno de sus colaboradores llegaba tarde le decía que no hacía falta que volviera al día siguiente, que se había dado cuenta que quizá era demasiado estricto con esto de la puntualidad y que prometió relajarse un poco con ello...especialmente cuando cerró el Bulli e inició el proyecto que ahora tiene entre manos, la Fundación; pero curiosamente, comentó que el primer día de este nuevo trabajo, uno de los colaboradores, creo recordar que un arquitecto, llegó tarde a una reunión, nos contó que pensó muy mucho qué decirle y cómo decírselo, que quería tranquilizarse y finalmente le dijo "si mañana vuelves a llegar tarde no hace falta que entres", comentó que entonces su equipo se dio cuenta que esto de la Fundación y este nuevo proyecto iba realmente en serio.
Esta anécdota me hizo sentirme reflejado, en los entrenamientos soy un obseso de la puntualidad, característica que me inculcaron mis entrenadores y que luego he llevado con mucho rigor cuando he sido entrenador... y hay una anécdota con la que enseño la importancia de la puntualidad a aquellos que me escuchan en los distintos cursos que imparto y que quiero compartir con vosotros.
La anécdota tiene lugar en un CES (Curso de Entrenador Superior), Pablo Casado era director de ese curso y además daba alguna conferencia. Pablo tenía la costumbre de esperar a la hora de inicio de la clase para, justo en el momento de empezar, cerrar la puerta con llave, quien no estaba dentro ya no entraba. Pues bien, una vez, mientras estaba cerrando la puerta, un alumno (que resultó ser su ahijado), se coló contorsionando su cuerpo y empujando en el último momento justo antes de ser cerrada... Pablo se enfadó, la respuesta del alumno fue algo así como "Joder Pablo, que ha sido sólo un segundo"... Pablo entonces montó en cólera, con todas las venas del cuello y frente hinchadas, dijo, gritando, algo así como "¿Un segundo? ¿sólo un segundo? Y tú!!! que vas a ser entrenador superior!!! ¿no entiendes la importancia de un segundo? Yo por un segundo no tuve opción a una medalla de oro en un campeonato del mundo (aquí no sé si fue una universiada) porque un americano nos metió una canasta en el último segundo del partido que les daba la victoria por un punto!!! Y tú vas y me contestas que sólo ha sido un segundoooooo!!!"
Desde entonces, uso esta anécdota para transmitir a los nuevos entrenadores la importancia que tiene un "mísero" segundo.

Nota: De creatividad, que es de lo que iba la conferencia de Ferrán Adriá, hablaré otro día.