La dulzura de la victoria y la amargura de la derrota

Hace ya tres días que la Selección Nacional de Baloncesto cayó derrotada frente a Francia en los cuartos de final del Mundial de España. Una derrota ciertamente inesperada que acababa con las ilusiones de proclamarnos, por segunda vez en la historia, campeones del mundo. Mucho se ha escrito sobre el partido, las claves de la derrota, los posibles responsables, etc... y no, no voy a escribir yo sobre ello en particular, sin embargo leyendo alguno de esos artículos me ha venido a la cabeza la forma tan diferente en la que me han afectado las victorias y las derrotas y es, precisamente de esto, de lo que quiero hablar con vosotros.

Permitidme que os ponga en antecedentes, más que nada por lo que éstos puedan influir en mi percepción sobre lo que voy a contar. Por suerte o por desgracia, que nunca se sabe, la gran mayoría de equipos de los que he formado parte han sido equipos en los que, a lo largo de la temporada, hemos ganado muchos más partidos de los que hemos perdido. Por otro lado, en esos mismos equipos, son muchos más los títulos perdidos que los ganados.

Pues bien, el sentimiento de amargura que me ha invadido tras una derrota importante ha sido siempre mucho más impactante y duradera en el tiempo que el sentimiento de alegría que me ha dejado una victoria en circunstancias parecidas.

El sentimiento de tristeza tras la derrota es como un virus, te invade por dentro poco a poco,  normalmente, además, eres reacio a compartirlo con alguien, más allá de alguna reacción inicial de rabia que cesa al poco tiempo; lo vives en soledad pese a estar rodeado de compañeros en la misma circunstancia, no quieres verbalizarlo, como si fuera impropio, quizá porque aún pensando que alguien tiene una responsabilidad directa en lo ocurrido no crees que sea el momento de manifestarlo, quizá porque aún sabiendo que la responsabilidad de la derrota es compartida tú te centras en la parte que te atañe  y no quieres cargar la culpa sobre nadie más, empiezas a pensar que podrías haber hecho diferente, que debías haber añadido o quitado, la cabeza no para de pensar, revives situaciones del partido una y otra vez, momentos que consideras clave y que por una u otra razón se torcieron, revisas la preparación, los entrenamientos previos algo que te haga entender el por qué de la derrota... y todos estos pensamientos te persiguen durante horas, muchas veces días, tratas de alejarlos, pero no puedes, se adueñan de tu cabeza, se atrincheran, te atormentan, no te dejan conciliar el sueño. ¿Y después? una vez tu cabeza se calma, viene lo peor, una sensación de vacío, el virus te ha derrotado, se ha adueñado de ti, sólo la vuelta a la actividad puede hacer que desaparezca, depende de la importancia de los siguientes partidos durará más o menos. Pasado el duelo ya sí verbalizas, compartes con tus compañeros tus sensaciones, tus conclusiones, tus posibles soluciones... Reflexionas y te das cuenta que esa sensación de tristeza y amargura ha durado mucho, ¡¡¡ demasiado !!!

El sentimiento de alegría por una victoria es distinto, obviaré las victorias "intrascendentes" porque quizá por hábito, quizá por obligación no generan sensaciones especiales, es como si ganar se haya convertido en tu deber y no le prestas atención, se ha convertido en rutina, simplemente no las disfrutas (perder uno de estos, sin embargo, genera todo lo explicado en la derrota); también están las victorias importantes pero que no te dan un título, por ejemplo las de pasar un play-off complicado, las victorias de "match-ball" en las que ganas o te vas a casa, tipo Copa del Rey, éstas provocan la sensación de alivio, de tranquilidad, de saber que sigues persiguiendo el sueño, que nada se ha truncado inesperadamente, pero poco más. Así pues, ¿qué pasa con las victorias importantes, las de los títulos? en mi caso es una pequeña explosión de júbilo, de alegría, alcanzas la meta, el sueño, pasados los segundos iniciales en los que te abrazas a todo el equipo, sientes la necesidad de compartirlo con tus seres queridos, tu mujer, tus padres, hermanos, amigos, mentores... después todo se va calmando, quizá haya una cena de celebración, una fiesta... y ya!!! sí, y ya. Al día siguiente de una gran victoria, y cerrados los actos de celebración, sólo la felicitación tardía de alguien te recuerda la victoria.

Nos comentaba Jorge Valdano, en una conferencia de Make a Team, que las emociones cuando soñamos con una victoria son mucho más intensas que cuando se consiguen, y en mi caso, doy fe.

Como os he comentado, la intensidad de las emociones en la derrota y en la victoria  se decantan, lamentablemente, hacia la derrota, y la duración de las mismas también... bueno miento, en el largo plazo (muy largo) las tornas cambian; pues sí, por extraño que parezca, en el recuerdo de tiempos pasados, cuando buscamos en la memoria años más tarde, recuerdas mucho más intensamente las victorias importantes que las derrotas (casi olvidadas), quizá sólo sea mi caso, por los condicionantes aportados inicialmente, porque he perdido muchos más títulos de los que he ganado; quizá tenga que ver con cómo hemos sido educados, se nos castiga por los fracasos pero rara vez se nos felicita por nuestros éxitos, es como una obligación, sobre todo en los éxitos ordinarios, quizá no tanto en los extraordinarios. Qui lo sa.

Todo esto viene a colación de algunos fragmentos de artículos que he leído después de la derrota en el Mundial, cito dos:

Ricky Rubio en Twitter: "24 horas después y la cabeza sigue dando vueltas...No pudo ser. Momentos difíciles que nos ayudan a valorar todo lo conseguido"

http://zaidarena.wordpress.com/2014/09/11/el-fin-de-una-era/ "suelo decir que la alegría por una victoria nos puede quedar para siempre pero la tristeza tras una derrota nunca debería durarnos más de cinco minutos."

Quiero terminar con algo que me enseño mi gran amigo Richi Serrés: Llora tus derrotas pero sobre todo celebra tus victorias.

Nos entrenaremos para que la intensidad y la duración de las emociones se den la vuelta... y sean las emociones de la victoria las que se vivan con más intensidad y encima duren más en el tiempo.