Tiempo de calidad



Hace unos días charlaba con una compañera (Marian García) de curso mientras tomábamos una caña, me contaba como era la relación con sus hijas y me decía que había descubierto que lo importante no era el tiempo total que estaba con ellas sino la calidad del tiempo que pasaba con ellas, se había dado cuenta que a veces pasaba mucho tiempo a su lado pero que estaba ausente, que no les dedicaba la atención necesaria, que seguía atendiendo llamadas del trabajo y pensando en cosas de la oficina... y que entonces había decidido que el tiempo que les dedicara a sus hijas debía ser de verdad tiempo dedicado a ellas, aunque fuera algo menos, apagando el móvil y pensando sólo en compartir, en cuerpo y alma, los momentos en los que estaban juntas.

Esto me hizo pensar en las muchas situaciones en las que pasamos tiempo con alguien pero estando ausentes, y me hizo pensar en esas situaciones en las que diriges un equipo y sólo te limitas a entrenarlo, sin preocuparte lo más mínimo por el jugador más allá de si te hace caso o no en las cuestiones técnico/tácticas, si las mete o no, etc... como si pudieras sacar el máximo rendimiento de ellos sin de verdad conocerlos; y he descubierto, a lo largo de mi carrera, que cuanto más conoces a un jugador más fácil es sacarle rendimiento. No se trata de forzar la relación, se trata de llegar a sentir la necesidad de compartir, de conocer, de empatizar... Ni comento la situación en la que simplemente vamos y ni enseñamos, sino que les damos un balón y que jueguen, sin más; eso sí es estar ausente aunque pases una hora y media con ellos.

Y hay un cuento, como no, sacado de un libro de Jorge Bucay, que me recuerda la necesidad de disfrutar de verdad del tiempo, que no vale con sólo estar que hay que ¡¡¡VIVIRLO!!! y constantemente me encuentro en situaciones en las que simplemente paso por la vida cual borrego acompañando al rebaño.

El Buscador 
Esta es la historia de un hombre al que yo definiría como buscador.

Un buscador es alguien que busca. No necesariamente es alguien que encuentra. Tampoco es alguien que sabe lo que está buscando. Es simplemente para quien su vida es una búsqueda. 

Un día un buscador sintió que debía ir hacia la ciudad de Kammir. Él había aprendido a hacer caso riguroso a esas sensaciones que venían de un lugar desconocido de sí mismo, así que dejó todo y partió. Después de dos días de marcha por los polvorientos caminos divisó Kammir, a lo lejos. Un poco antes de llegar al pueblo, una colina a la derecha del sendero le llamó la atención. Estaba tapizada de un verde maravilloso y había un montón de árboles, pájaros y flores encantadoras. La rodeaba por completo una especie de valla pequeña de madera lustrada… Una portezuela de bronce lo invitaba a entrar. De pronto sintió que olvidaba el pueblo y sucumbió ante la tentación de descansar por un momento en ese lugar. El buscador traspaso el portal y empezó a caminar lentamente entre las piedras blancas que estaban distribuidas como al azar, entre los árboles. Dejó que sus ojos eran los de un buscador, quizá por eso descubrió, sobre una de las piedras, aquella inscripción … "Abedul Tare, vivió 8 años, 6 meses, 2 semanas y 3 días". Se sobrecogió un poco al darse cuenta de que esa piedra no era simplemente una piedra. Era una lápida, sintió pena al pensar que un niño de tan corta edad estaba enterrado en ese lugar… Mirando a su alrededor, el hombre se dio cuenta de que la piedra de al lado, también tenía una inscripción, se acercó a leerla decía "Llamar Kalib, vivió 5 años, 8 meses y 3 semanas". El buscador se sintió terriblemente conmocionado. Este hermoso lugar, era un cementerio y cada piedra una lápida. Todas tenían inscripciones similares: un nombre y el tiempo de vida exacto del muerto, pero lo que lo contactó con el espanto, fue comprobar que, el que más tiempo había vivido, apenas sobrepasaba 11 años. Embargado por un dolor terrible, se sentó y se puso a llorar. El cuidador del cementerio pasaba por ahí y se acercó, lo miró llorar por un rato en silencio y luego le preguntó si lloraba por algún familiar. 

- No ningún familiar - dijo el buscador - ¿Qué pasa con este pueblo?, ¿Qué cosa tan terrible hay en esta ciudad? ¿Por qué tantos niños muertos enterrados en este lugar? ¿Cuál es la horrible maldición que pesa sobre esta gente, que lo ha obligado a construir un cementerio de chicos?. 

El anciano sonrió y dijo: -Puede usted serenarse, no hay tal maldición, lo que pasa es que aquí tenemos una vieja costumbre. Le contaré: cuando un joven cumple 15 años, sus padres le regalan una libreta, como esta que tengo aquí, colgando del cuello, y es tradición entre nosotros que, a partir de allí, cada vez que uno disfruta intensamente de algo, abre la libreta y anota en ella: a la izquierda que fue lo disfrutado…, a la derecha, cuanto tiempo duró ese gozo. ¿ Conoció a su novia y se enamoró de ella? ¿Cuánto tiempo duró esa pasión enorme y el placer de conocerla?…¿Una semana?, dos?, ¿tres semanas y media?… Y después… la emoción del primer beso, ¿cuánto duró?, ¿El minuto y medio del beso?, ¿Dos días?, ¿Una semana? … ¿y el embarazo o el nacimiento del primer hijo? …, ¿y el casamiento de los amigos…?, ¿y el viaje más deseado…?, ¿y el encuentro con el hermano que vuelve de un país lejano…?¿Cuánto duró el disfrutar de estas situaciones?… ¿horas?, ¿días?… Así vamos anotando en la libreta cada momento, cuando alguien se muere, es nuestra costumbre abrir su libreta y sumar el tiempo de lo disfrutado, para escribirlo sobre su tumba. 

Porque ese es, para nosotros, el único y verdadero tiempo vivido...


Ganar tiempo


Soy por lo general un tipo impaciente, siempre quiero que las cosas lleguen ¡¡¡YA!!!, bueno... debería decir las cosas que realmente deseo, los resultados del trabajo individual con un jugador, los resultados del trabajo en un equipo, sea lo que sea, suelo mostrarme ávido de resultados demasiado pronto...

Por otra parte en el baloncesto como en la vida, hay situaciones en las que lo que necesitamos es más tiempo... a veces vas remontando un partido y necesitarías dos minutos más para completar la remontada; el fisio, a veces, necesitaría una semana más para que un determinado jugador llegara en condiciones a un partido importante tras una lesión de la que se está recuperando; casi siempre el tiempo de entrenamiento es insufciente y nos gustaría tener más tiempo para preparar un partido o un campeonato, ignorando que nunca se llega a estar preparado del todo, o mejor aún, que estamos más preparados de lo que creemos.

El tiempo, preciado tesoro... a veces queremos que pase rápido, otras que pase muy despacio, otras necesitamos tener más tiempo; y lo que de verdad tenemos que hacer es aprender a disfrutar de verdad del tiempo que tenemos.

Cuando me impaciento por los resultados que busco me gusta recordar este cuento de Jorge Bucay, aunque en él el protagonista lo que hace es ganar tiempo...

El sastre y el oso

Esta es la historia de un sastre, un zar y su oso.
Un día el zar descubrió que uno de los botones de su chaqueta preferida se había caído.
El zar era caprichoso, autoritario y cruel (como todos los que se enmarañan por demasiado tiempo en el poder), así que, furioso por la ausencia del botón mandó a buscar al sastre y ordenó que a la mañana siguiente fuera decapitado por el hacha del verdugo.
Nadie contradecía al emperador de todas las Rusias, así que la guardia fue hasta la casa del sastre y arrancándolo de entre los brazos de su familia lo llevó a la mazmorra del palacio para esperar allí a su muerte.
Al atardecer, cuando el guarda cárcel le llevó al sastre la última cena, éste meneó la cabeza y musitó:
- "Pobre Zar"
El guarda no pudo evitar la carcajada
- "¡¿Pobre del Zar?. Pobre de tí. Tu cabeza quedará bastante lejos de tu cuerpo mañana mismo".
- "Tú no entiends", dijo el sastre, "¿Qué es lo más importante para nuestro Zar?"
- "¿Lo más importante?", contestó el guardia "No sé... su pueblo"
- "No seas estúpido. Digo algo realmente importante para él".
-"¿Su esposa?"
- "¡Más importante!"
- "¡Los diamantes", creyó adivinar el carcelero.
- "¿Qué es lo que más le importa al Zar en el mundo?"
- "¡Ya sé!... su oso"
- "Eso, su oso"
- "¿Y?"
- "Mañana, cuando el verdugo termine conmigo, el Zar perderá su única oportunidad para conseguir que su oso hable".
- "¿Tú eres entrenador de osos?
- "Un viejo secreto familiar...", dijo el sastre, "pobre Zar..."
Deseoso de ganarse los favores del Zar, el pobre guardia corrió a contarle al soberano su descubrimiento.
El Zar estaba encantado. Mandó a buscar inmediatamente al sastre y cuando lo tuvo frente a sí le ordenó:
-"¡Enséñale a mi oso nuestro lenguaje!"
El sastre bajó la cabeza y dijo:
- "Me encantaría complacerte ilustrísima, pero enseñar a hablar a un oso es una tarea árdua y lleva tiempo... y, lamentablemente, tiempo es lo que menos tengo."
- "¿Cuánto tiempo llevaría el aprendizaje?", preguntó el Zar.
- "Depende de la inteligencia del oso..."
- "¡El oso es muy inteligente!". Interrumpió el Zar. "De hecho es el oso más inteligente de todos los osos de Rusia"
- "Bien, si el oso es inteligente... y siente deseos de aprender... yo creo... que el aprendizaje duraría... no menos de... DOS AÑOS."
El Zar pensó un momento y luego ordenó:
- "Bien, tu pena será suspendida por dos años, mientras entrenas al oso. ¡Mañana empezarás!".
- "Alteza", dijo el sastre, "si tú mandas al verdugo a ocuparse de mi cabeza, mañana estaré muerto, y mi familia se las ingeniará para sobrevivir. Pero si me conmutas la pena, ya no tendré tiempo para dedicarme a tu oso... deberé trabajar de sastre para mantener a mi familia."
- "Eso no es problema", dijo el Zar, "A partir de hoy y durante dos años tú y tu familia estaréis bajo la protección real. Seréis vestidos, alimentados y educados con el dinero del Zar y nada que necesitéis o deseéis os será negado... Pero, eso sí... si dentro de dos años el oso no habla...te arrepentirás de haber pensado en esta propuesta...rogarás haber sido muerto por el verdugo...¿entiendes, verdad?"
- "Sí, alteza"
- "Bien...¡Guardias!" gritó el Zar, "que lleven al sastre a su casa en el carruaje de la corte, denle dos bolsas de oro, comida y regalos para sus niños.. ¡Ya,..fuera!"
El sastre, en reverencia y caminando hacia atrás, comenzó a retirarse mientras musitaba agradecimientos.
- "No olvides", le dijo el Zar apuntándolo con el dedo directamente a la frente "Si en dos años el oso no habla..."
Cuando todos en la casa lloraban por la pérdida del padre de familia, el sastre apareció en la casa en el carruaje del Zar, sonriente, eufórico y con regalos para todos.
La esposa del sastre no cabía en su asombro. Su marido que pocas horas antes había sido llevado al calabozo volvía ahora, exitoso, acaudalado y exultante...
Cuando estuvieron solos el hombre le contó los hechos.
- "Estás LOCO", chilló la mujer, "enseñar a hablar al oso del Zar. Tú, que ni siquiera has visto un oso de cerca. Estás loco...Enseñar a hablar a un oso...Loco, estás loco".
- "Calma mujer, calma. Mira, me iban a cortar la cabeza mañana al amanecer, ahora tengo dos años...En dos años pueden pasar tantas cosas..."
- "En dos años", siguió el sastre, "se puede morir el Zar, me puedo morir yo.... y lo más importante... ¡igual el oso habla!"


Mitos y leyendas



Cuando imparto un curso me gusta advertir a mis alumnos sobre los "mitos", entendiendo por mitos aquellas frases que todos damos por ciertas porque la mayoría de las personas las repiten y las asumen como verdaderas; y les advierto sobre éllas con el fin de que sometan a un proceso analítico y de filtrado la autenticidad o no de la frase o cita, o sea "el mito", pudiendo ocurrir que lleguen a la misma conclusión que el "mito" o pudiendo llegar a la conclusión de que el "mito", para ellos, es falso.
Lo cierto es que vivimos rodeados de "mitos", y hay uno que lleva "machacando" mi cabeza cada vez que lo oigo y es la necesidad imperiosa de contar con, al menos, un pívot dominante para ganar una Euroliga, y cómo he tenido la suerte de poder vivir 3 Final Four en 4 años, a pesar de haber tenido la "desgracia" de no haber conquistado ningún título en dichas Final Four es por lo que me animo a ponerlo en duda.

Analicemos las últimas 3 Final Four, empezando de más reciente a más antigua:
Final Four Milán 2014, campeón Maccabi Tel Aviv: Maccabi cuenta en sus filas con un pívot dominante, Schortsianitis, sin embargo en la final juega sólo 9 minutos y es eliminado por faltas, siendo su incidencia en la final más bien escasa, quedando como pívot Alex Tyus, que es muy buen jugador pero no lo que entendemos como pívot dominante.
Final Four Londres 2013, campeón Olympiakos: En las filas de Olympiakos los pívots son Kyle Hines, jugador de gran calidad pero que no cumple con las premisas de un pívot dominante, mide 1,98, Georgios Shermadini que jugó en la final 6 minutos para un total de 3 puntos, Josh Powell que jugó los 6 primeros minutos de partido para un total de 2 puntos. Al 4 jugaban Pero Antic (gran jugador) que se caracteriza por su tiro de 3 y Printezis que, siendo un grandísimo jugador, sigue sin ser lo que se entiende por un pívot dominante, jugó 16 minutos para un total de 5 puntos.
Final Four Estambul 2012, campeón Olympiakos: Kyle Hines juega 18 minutos sin anotar, Joey Dorsey juega 13 minutos sin anotar (tampoco parece que Dorsey sea un pívot dominante, aunque gran jugador), Papadopoulos juega 4 minutos sin anotar, añadir a los ala-pívots Antic, 18 minutos 7 puntos, y Printezis 25 minutos y 12 puntos, éste último anotó la canasta ganadora sobre la bocina.

Pues parece que para ganar la Euroliga, por lo menos en los últimos años, no es extrictamente necesario tener un pívot dominante, algunos grandes equipos que sí lo tenían, o por lo menos contaban con pívots más dominantes que los citados, no han logrado el tan ansidado título en la Euroliga. Añado aquí, que los grandes "elefantes", como le gusta llamarlos a Moncho Monsalve, emigran a la NBA, rodeados de los mejores y, casi siempre, con suculentos contratos.

Y esto me recuerda constantemente a una fragmento del libro "Mate a sus vacas sagradas - Cómo las empresas exitosas mandan a paseo a las viejas ideas", escrito por D.Bernstein, B.Fraser y B.Schwab. Editorial Empresa Activa.
 
"He aquí tres vacas sagradas de nivel industrial, y ampliamente aceptadas en Hollywood, acerca de cómo hacer una película muy comercial: 'Un exitazo no  puede durar más de 2 horas', 'Un exitazo no puede acabar mal' y 'Un exitazo no debería tratar sucesos históricos reales porque todo el mundo conoce el final'.
Hay un exitazo sin embargo que usted no hubiese podido lograr de haber acatado esas vacas sagradas. Y es el éxito de todos los éxitos.
En 1997, James Cameron hizo una peliculita sobre un trasatlántico maldito. La película duraba 3 horas. Casi todo el mundo que salía en ella moría. Toda la audiencia sabía antes de sentarse en la butaca que el barco se iba a hundir. De manera que incluso el más breve resumen descriptivo de la película demuestra claramente que rechazaba tres inviolables preceptos de la realización de películas.
Independientemente de todo ello, sin embargo, Titanic ha recaudado en todo el mundo casi dos mil millones de dólares...
... Usted no necesita entender por qué tuvo éxito para apreciar el hecho de que, a veces, es provechoso matar una vaca sagrada"

¿Cúantas veces hemos matado una vaca sagrada y hemos triunfado? En la Euroliga, Olympiakos 2 veces y Maccabi 1 en los últimos 3 años... aunque quien sabe, quizá este año la gane alguien con, al menos, un pívot dominante y ustedes vengan aquí a restregarme el "mito" por la cara, quizá entonces les diré que asumimos el mito de que para ganar la Euroliga no hacía falta un pívot dominante. ;)



DEP Alicia Fernández Romero

Mientras preparaba esta entrada de blog me he enterado del fallecimiento de Alicia Fernández Romero mientras jugaba al baloncesto. Honestamente, no sé que decir.

A su familia, compañeras y amigas, entrenadores y demás allegados os mando un fuerte abrazo en estos momentos tan duros para vosotros. DEP.





El potencial oculto



Desde que entreno siempre me ha venido a la mente la pregunta de si entrenar sobre las debilidades o sobre las fortalezas de un jugador; la mayoría de las veces me he dejado llevar por la intuición, y dependiendo del momento y la situación me he centrado en unas u otras. Con el tiempo he aprendido que podemos trabajar sobre las debilidades sin dejar de potenciar las fortalezas...pero siempre tengo la duda de cuanto tiempo debo dedicarle a cada una de ellas.

Aún así este artículo no tiene tanto que ver con lo que decidimos entrenar sino con aquello en lo que nos fijamos cuando vemos a un jugador, y aquí si que afirmo que el cerebro se fijará en aquello que queráis fijaros y no dejará de daros señales de lo acertados que estáis en vuestra decisión, magnificará los datos que recibe que potencien vuestra percepción (aquello en lo que habéis decidido fijaros) y descartará la información que vaya en sentido contrario... sea lo que sea aquello en lo que habéis decidido fijar la atención (sea la debilidad o la fortaleza).

Y cuando pienso en esto siempre me viene a la mente una cita de Einstein "Si valoras a un pez por su capacidad para trepar árboles tendrás un pez frustrado toda su vida".

Y este fin de semana, mientras viajaba a Mallorca (Andratx) para impartir un clinic, leía la siguiente metáfora en "El juego interior del tenis" de W. Timothy Gallwey,  y no he podido evitar compartirla y escribir este artículo:

"Cuando plantamos una semilla de rosa en la tierra y vemos lo pequeña que es, no la criticamos por carecer de raíces y de tallo. La tratamos como una semilla y le damos el agua y el alimento que necesita. Cuando comienza a crecer y a surgir de la tierra, no la condenamos llamándola inmadura o subdesarrollada; tampoco criticamos a los capullos por no abrirse cuando aparecen. Lo que hacemos es asombrarnos ante el proceso que está teniendo lugar y darle a la planta el cuidado que necesita en cada etapa de su desarrollo. La rosa es una rosa desde que es una semilla hasta el momento en que muere. En la semilla se halla todo el potencial de la rosa. Y la rosa está siempre en un proceso de desarrollo; sin embargo, en cada momento, ella está perfectamente bien tal como es"

Así pues, ¿qué quieres ver de quien tienes enfrente?