Hielo y fuego


Hoy Chema Buceta, un gran amigo, me había invitado a participar en una mesa redonda dentro del Máster de Psicología del Deporte de la UNED, mesa en la que también ha participado el ex-jugador de fútbol, y ahora entrenador, Albert Celades.

Coincidiendo que tenía que ir a la facultad de Psicología de la UNED, otro gran amigo, Angel de Juanas, me ha invitado a comer y  así aprovechar para compartir experiencias. La comida ha sido amena, como siempre que quedo con Angel; al final se ha disculpado, no podía quedarse a escuchar la conferencia pese a que le hubiera gustado mucho, tenía una cita a la que no podía faltar, su hijo Angel iba a disputar su primer partido de baloncesto y no quería perdérselo (cosa que entiendo perfectamente, dado que sé lo que le gusta el baloncesto y, sobre todo, sé lo que siente por su familia).

Curiosamente el motivo de su "disculpa" me ha traído a la mente una frase que solía comentar Luis Casimiro sobre los partidos que disputábamos antes del inicio oficial de la temporada... "Los resultados de pretemporada se escriben en barras de hielo", dando a entender que la importancia de dichos resultados era relativa, que en un breve espacio de tiempo dichos resultados se olvidarían y no tendrían importancia (lo que tardara en derretirse la barra de hielo).

¿y por qué os cuento esto? porque lo he relacionado con la vida, hoy Angel ha ido a jugar un partido de fuego, uno de esos partidos cuyo resultado queda grabado en el alma de nuestros seres queridos, uno de esos partidos que sí tienen importancia.

Y, simplemente, me ha hecho pensar en la cantidad de veces que he elegido jugar partidos de hielo porque no he sabido reconocer que al mismo tiempo podía estar jugando uno de fuego; o peor aún, porque he confundido el partido de fuego con el partido de hielo.

El eco o la vida


Muchas veces me he preguntado el por qué de las reacciones de otros ante determinados hechos, especialmente en sus reacciones hacia mi persona, tratando de darle alguna explicación tiendo a poner el foco en el otro; y esto es curioso porque cuando analizo un partido de baloncesto me sucede justo lo contrario, no suelo perder el tiempo en analizar aquello que no depende de mí... hace poco, analizando la reacción de algunas personas ante un hecho que me afectaba, recordé este cuento que hoy comparto con vosotros y que hace que vuelva a comportarme en la vida como lo hago en el baloncesto (o es al revés?):

"Un padre y su hijo estaban caminando por las montañas.

De repente, el hijo se hizo daño y gritó:

- ¡Aaaaaaahhhhhhhh!

Sorprendido, oyó como la voz se repetía en algún lugar de la montaña:

- ¡Aaaaaaahhhhhhhh!

Con curiosidad, gritó:

- ¿Quién eres?

Y la voz respondió:

- ¿Quién eres?

Se enfadó con la respuesta y gritó:

- ¡Cobarde!

Y la respuesta que recibió fue:

- ¡Cobarde!

Miró a su padre y preguntó:

- ¿Que está pasando?

El padre sonrió y le dijo:

- Hijo mío, presta atención.

El padre gritó a la montaña:

- ¡Te admiro!

La voz respondió:

- ¡Te admiro!

Otra vez gritó el hombre:

- ¡Eres un campeón!

La voz respondió:

- ¡Eres un campeón!

El chico se sorprendió, pero no entendió. Así es que su padre le explicó:

- La gente lo llama eco, pero la verdad es que es la vida"


Nota: Añado aquí este vídeo (1 día más tarde de la publicación del artículo) que refleja claramente el sentido de este cuento


Las raíces y el tiempo


Ettore Messina es para mí un maestro, recuerdo que el objetivo con el que se incorporó al Real Madrid fue llevar al equipo a la Final Four de la Euroliga, en esos momentos el club llevaba 17 años sin conseguirlo.

Una de las características de Ettore entrenando era que cuando más cansado estaba el equipo más les exigía a nivel de concentración, quería que el jugador creciera aumentando cada día ese límite mental; solía decir... cuando las piernas ya casi no te responden, cuando el cansancio físico es casi insoportable, es la cabeza de la que debe mantenerse fresca para alcanzar el objetivo y seguir guiando tus actos y para eso hay que entrenarse o la cabeza se guiará por las señales del cuerpo; quería que sus jugadores se imaginaran jugando una final de Euroliga, que imaginaran un último minuto de una final igualada, en la que el cansancio estaría bien presente, probablemente en un entorno hostil, entonces les decía... será vuestra cabeza la que os guíe al triunfo... de los dos equipos, el que tenga mejor la cabeza, el que sepa mantener la concentración, será el que tenga más posibilidades de éxito.

Recuerdo comentar con él lo difícil que estaba siendo para algunos jugadores, entonces me dijo algo que, como siempre, no sólo sirve para el deporte sino también para la vida... "Un árbol con raíces fuertes puede resistir una tormenta muy violenta, pero ningún árbol es capaz de desarrollar esas raíces cuando la tormenta asoma en el horizonte"

Ettore abandonó el Real Madrid durante su segunda temporada, justo antes de que el equipo alcanzara la Final Four, creo que el mérito siempre es de los jugadores, sé que Ettore ya no estaba, pero estoy convencido que él fue el verdadero responsable de que se llegara a esa Final Four. Lele Molin y yo aprovechamos su inercia para clasificarnos.

Recuerdo que le pedí a Ettore un ejemplar de uno de los libros que ha escrito ("Basket" de la editorial Zanichelli) mientras todavía trabajábamos juntos, parte de la dedicatoria que escribió decía lo siguiente "quizá un día ganaremos juntos"... no gané ningún título con él en el Real Madrid, pero siempre le recuerdo que yo si gané con él, gané un maestro, gané un amigo y gané unas enseñanzas que jamás olvidaré.

Gracias Ettore.

La fuerza de la humildad

Todos los que entrenamos a equipos, creo que hemos pasado alguna vez por la situación de afrontar un partido en el que sientes que tus jugadores menosprecian al rival... y si no lo hemos vivido en nuestras carnes seguro que lo hemos visto en alguno de los equipos a los que seguimos; también me ha ocurrido que han/hemos menospreciado al rival tras derrotarlo. Suelo contar este cuento a los equipos a los que entreno, no sólo para respetar al rival antes del partido sino también para hacerlo una vez acabado el mismo (no sé cual de los dos es más importante).

Un hombre débil

"Cuando pasaba por delante de un elegante palacete en el centro de Bagdad, Nasrudín se percató de que en su interior se estaba celebrando una fiesta. Atraído por el olor de la cabra asada, se metió en la casa pasando por entre los guardias y se sentó a la mesa. Después de la comilona, el anfitrión pidió silencio.

- Amigos - dijo -, os he invitado aquí para celebrar mis últimas y grandes victorias. Como sabéis, he sido el campeón de lucha de esta ciudad durante algún tiempo. Pero ahora, tras haber derrotado a mis competidores en otras ciudades, ¡Soy campeón de todo el país!

Los comensales aclamaron a su anfitrión. Sólo Nasrudín permaneció en silencio, lo que enfureció al luchador:

- ¿No te impresiona que haya pulverizado a mis enemigos y tirado al suelo a los mejores luchadores que esta tierra puede ofrecer? - preguntó.

- Depende - contestó el mulá -. Esos hombres, ¿Eran más débiles que tú?

- ¡Por supuesto! - se jactó rimbombante el deportista -. Eran tan débiles como moscas... tan insignificantes como las más diminutas hormigas.

- ¿Y qué mérito hay en derrotar a un hombre más débil?"

Gente con salidas



Dirigía, por aquella época, al Junior A de Estudiantes, se acercaba el final de temporada y por ende del curso, en el equipo había un jugador becado de Aranda de Duero y sus padres llevaban tiempo insistiendo en invitarnos a hacer una excursión y compartir mantel con ellos en el pueblo (buen vino y buen cordero); así que aprovechando un fin de semana que no había partido alquilamos un autobús y, tanto padres como miembros del equipo, nos fuimos camino de Aranda de Duero.

Durante el viaje en autobús surgieron varios temas de debate, recuerdo que dada la cercanía de los exámenes finales de COU y, posteriormente, de la Selectividad, muchos de los jugadores se animaron a compartir sus ideas sobre que carrera universitaria cursar. En un momento del debate apareció uno de los comentarios típicos en este tipo de decisiones "Yo quiero hacer X pero no sé si tiene salidas", en ese momento el padre de uno de nuestros bases, que era profesor de historia y que hasta el momento prácticamente no había intervenido, dijo: "Estudia lo que quieras!!! porque la realidad es que no hay carreras con salidas, hay gente con salidas"

A lo largo de mi vida he podido constatar una y otra vez lo acertado del comentario.